Walter
es ciego. Hace 28 años que un glaucoma le apagó la vista para siempre. Todas
las mañanas piensa en eso al despertar. Todas las mañanas desea abrir los ojos
y volver a ver. Sin embargo hay una persistencia que lo mantiene en pie. En
estos 28 años nunca ha dejado de ir a la cancha a alentar a San Lorenzo de
Almagro, nunca ha dejado de sentir a San Lorenzo como dice la bandera que lo
acompaña siempre.
En el centro de Buenos Aires solo
tiene lugar la imagen. Hay carteles, pantallas, marquesinas de teatro, y todo
es una invitación a la mirada, porque en esta lógica del siglo XXI la
información fluye tan rápido como las imágenes que nos rodean. Todo es
inmediato y entra por los ojos.
En una discreta oficina de Callao y
Tucumán, me espera Walter Lo Votrico. Ahí, rodeado de un verde descolorido que
cubre las paredes, una mesa en el centro de la oficina con una bandera de San
Lorenzo extendida como un mantel, una radio vieja con diseño colonial en
silencio y el color blanco que se extiende en la puerta del lugar, Walter
trabaja.
Al escucharme salta de la silla y me
agarra para besarme.
-
Sí no me dicen acá estoy, yo ni me
entero.
Un glaucoma le quitó la imagen en 1986.
Los ojos de Walter son una mancha gris clara, como una nube, que se expande
sobre el blanco de la esclerótica, cuando en enero la enfermedad comenzó a
diluirle la vista y le robó para siempre el mundo tal como lo conocía a este fotógrafo de profesión.
Sin embargo los colores son una
persistencia en la vida de Walter, a pesar de la mancha negra de que le
envuelve la visión, San Lorenzo es su semana, su forma de encarar el mundo, su
vida, porque como él dice lo vive y sentirlo es vivirlo. “Sentir
es una forma de vivir”. El club de Boedo fue la única certeza en la
incerteza, el bastón blanco de la reconstrucción de su vida.
-
El primer bastón blanco me lo hizo mi
hermano con un palo de escoba para ir a la cancha
Ir
a la cancha, -ir a verlo- dirá
Walter, aunque todas las mañanas al despertar el mundo sea un solo color, un
negro que lo hace insultar, preguntarse por qué, volver a la cama y recuperar
las ganas a los quince minutos, porque hay otras formas de ver y mirar y
sentir; como cantar, escuchar, tocar.
-Antes en la cancha me reconocían,
pero la verdadera revolución nació en Facebook
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Año
2012. Walter tiene dolores de cabeza insoportables, su médico la aconseja una
cirugía rápida para realizar un limado de córnea y así terminar con las
jaquecas. La fecha de la operación: 8 de marzo. Ese día es uno de los más
importantes en la historia de San Lorenzo, socios, hinchas y dirigentes
convocan a una multitudinaria marcha en la Plaza de Mayo. La consigna es
“100000 cuervos copando la plaza por la vuelta a Boedo”. La causa es noble, influir en el voto de los
legisladores que tratarán más tarde ese mismo año la ley de restitución
histórica, para la devolución al club los terrenos expropiados durante los años
de la dictadura cívico militar.
Walter
se opera ese día y de la clínica se va para la Plaza de Mayo.
-
Walter va a ver a San Lorenzo con el
corazón, dice Raúl,
otro fanático del club
que también es fotógrafo y al observarlo en la cancha, se maravilló ante el
amor de ese tipo que con un bastón blanco, una musculosa azulgrana y una radio
se pegaba al alambrado para seguir las alternativas de los partidos. Ese 8 de
marzo quedará para siempre en la historia. Más de 110000 cuervos tomarían por
asalto la Plaza de Mayo, y Walter sellaría una amistad con Raúl, que nació
cuando el fotógrafo se presentó y le dijo –A
vos te tengo visto loco, déjame sacarte unas fotos, yo sé que vos vas siempre a
la cancha.
La
foto se subiría a Facebook. Raúl lo etiquetaría y ahí cuenta Walter:
- me invadieron, y una vez que te
invaden, ya está, no podes hacer nada.
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Detrás
de ese Facebook, de ese nombre, Walter “El Lovito” hay una historia de vida que trasciende a San Lorenzo.
Cambiar
imagen por voz, mudar el oficio, transcender, de alguna manera. Esas eran las
premisas de Walter en la recuperación. Fue así que empezó a cantar y cambió por
completo su vida. Por esto nació su Facebook en el año 2011
“Walter
el Lovito” es el nombre de un disco de música melódica que intentaba posicionar
a través de la red social donde originalmente subía fotos con famosos en las
veladas “paquetas” en las que cantaba.
De
esta experiencia quedó también una mala jugada de un productor que le robó las
pistas y con ellas la voz. Pero se recuperó y volvió a cantar “de garrón” con
los amigos que había hecho en aquellas noches de música tranquila y luz tenue en el Bauen.
Pero
también transcender a la imagen es vencerla. Vencer la imagen es hacerse visible,
lograr notoriedad. Todas las revoluciones tienen algunos hechos que puntuales o
periféricos que las determinan, pero son hechos al fin
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Año
1992, seis años después de que el glaucoma le apagó la visión, un médico le
aconsejó ir al gimnasio para trabajar el cuerpo y reinsertarse en lo social,
algo que tenía bastante postergado. Sus
compañeros de pesas miran el programa de Gerardo Sofovich donde hombres de puro
músculo están compitiendo en pulseadas. La decisión en el gimnasio es unánime. Todos
dicen “vamos”, pero Walter iría un
paso más allá: - Vamos siempre y cuando,
apostemos algo entre nosotros.
Fueron
y él se fue rápido. En la segunda ronda me
reventaron, cuenta Walter.
Pero
no todo terminó ahí. Un competidor vio a Walter entre todos los demás, le llamó
la atención su físico, sus ganas y su potencial, y se acercó a realizarle una
propuesta. A partir de ahí solo le esperarían campeonatos nacionales e
internacionales.
Pulseó
por Barrio Parque en 1993 y fue campeón nacional. En 1994 repitió título, pero
no pudo revalidarlo en el invierno de 1995.
En
aquel invierno, San Lorenzo armaría su equipo para ser campeón. Con Veira en el
banco y jugadores de la calidad de Silas, Ruggeri y González en cancha, los santos empezaban un torneo que lo tenía
como principal candidato para obtenerlo.
–Fue especial, dice él – Armaron un equipo para que sea campeón, ¿no
le pusieron presión, no?.
Había
que estar, acompañar las buenas, soportar las malas. Por eso viajó por el interior
siguiendo la campaña. Con esos viajes comenzó el deterioro físico que lo hizo
cambiar de categoría en las pulseadas.
-Días de choripán y vino, y engordar,
dice riéndose.
Última
fecha, en Rosario, San Lorenzo enfrenta a Central. Está segundo, pierde increíblemente
puntos sobre el final del campeonato. El
líder del torneo, Gimnasia de La Plata recibe a Independiente. Lo aventaja por
un punto y como en esos años los partidos ganados valían dos puntos y en caso
de empate en las posiciones se definía por diferencia de gol, le alcanzaba con
una igualdad para ser campeón y festejar el primer campeonato de la historia de
los triperos.
En
la semana, el técnico de San Lorenzo imploraba a los hinchas – “Yo le pido a la gente que vaya, 10.000, 30. 000
personas con fe, con esperanza, si se da, se da, y si no se da no importa”
Se dio.
Era el primer título en 21 años para
los cuervos. Era, el fin de un maleficio, un desahogo que hizo que los 10000 cuervos que poblaron Rosario
invadieran como hormigas la cancha.
Ese día Walter entró al campo. Lo
invadió con felicidad como tantos otros. Ese mismo día supo que ese invierno no
sería campeón nacional de pulseadas.
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Pero Walter también sería campeón con
San Lorenzo, tendría su gloria personal
en las galerías de trofeos del club.
-En
el año 1998 voy a competir por San
Lorenzo. La sede que habían inaugurado en Av La Plata tenía la última
tecnología y era bárbara para entrenar.
Defendiendo los colores de su vida, la
gloria también le llegaría con el azulgrana en el pecho. Esos colores también
serían parte de él, parte de su imaginación. A Walter, ser ciego no le impidió
diseñar su propia indumentaria. Al presidente de entonces, tampoco le pareció
un imposible, y así fue que Walter tendría la ropa diseñada por él mismo.
El retiro le llegó con una lesión. Sin
embargo, eso no lo invisibilizó, al contrario, la lesión en este caso fue una
nueva oportunidad.
-Al
entrenar conoces los músculos que usas y sabes cuáles pueden lastimarse,
entonces cuando alguien te consulta, más o menos sabes cuál puede ser que este
molestando. En ese
momento, uno de los músculos de la muñeca con la cual competía sufría una
lesión que no podía ser tratada por los doctores tradicionales. Dolores y otra
vez dolores, y una recuperación que no llegaba, lo llevaron a consultar a un
doctor poco ortodoxo del sur de Buenos Aires.
-Era
un médico y se dedicaba a masajes a caballos de carreras de clandestinas. A un
tipo así fui a ver, pero hacía cosas maravillosas y pensé, esto es interesante.
Walter, el masajista, surgiría de esos
encuentros en los cuales buscaba la calma al dolor. Lo demás, el título
terciario y el trabajo, llegarían con el estudio y puertas azulgranas que se
volvían a abrir.
San Lorenzo de nuevo, otra vez
presente. El club lo recibía. Pero tenía sus costos. Entrenaba y masajeaba en
el club pero eso significaba pasar todo el día ahí.
-Era
un suplicio, dice Walter recordando aquel final de los años ´90.
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2012, es otoño y llueve mucho ese
domingo de mayo. San Lorenzo pelea por no descender, Walter sufre en la tribuna
y en su vida. Tiene un problema de salud
y está medicado por la tensión y la hipertensión que le generó toda la
temporada del equipo de Caruso Lombardi. Es el año de la revolución del like de
Facebook, es el año que San Lorenzo jugará por primera y única vez en su
historia una promoción para no descender. Ese domingo el Nuevo Gasometro
explota de gente, de ilusión y de expectativa. Es la fecha 16, el conjunto de
Boedo recibe a Newell´s, líder del torneo local que –jugaba bárbaro, cuenta Walter. El Ciclón pelea mano a mano por no
descender con Tigre, que no se sabe si por influencias políticas o casualidades
es favorecido en todas las jugadas divididas por los árbitros. El equipo es una
bola de nervios, pero domina las acciones y supera en el juego al puntero del
torneo. Hay un clima terrible, la gente canta en las tribunas sin mermar a
pesar de la fuerte lluvia que no cesa un solo momento.
Hay una ilusión ciega en el equipo,
hay una fe que no puede explicarse por el rendimiento del equipo.
Raúl está en la tribuna, como siempre
filma a la gente y le saca fotos a Walter. Ahí también está Luca Morel, un
fanático que está sufriendo como todos. Ese día va a conocer a Walter, su tío
del alma como lo llamará más adelante, cuando ya con la anécdota del resultado,
graben formalmente una amistad fuera de la cancha y con la confianza de un
amigo de siempre, Walter lo apode “presi” debido a las posturas expresadas con
la mente fría y el corazón caliente en su muro de Facebook sobre la realidad
institucional del club.
El gol de Newell´s es la tormenta
dentro de la tormenta. No es un baldazo de agua fría, es casi como la misma
lluvia que cae pero duele, y lastima a todos los cuervos que esperan por una
victoria. El equipo está casi condenado al descenso directo. Pero la gente
canta y canta. No pierde la fe. Ellos creen y creen y cuando más imposible es,
nunca dejan de creer. Por eso Walter sigue aferrado a la radio y Luca seguramente agita los brazos o se toma la
cabeza cuando en otra jugada y en menos
de 25 minutos, en un insólito error de la defensa azulgrana, Newell´s se
adelante por dos goles.
-Era
imposible, relata
Walter. Pero imposible no es una palabra que exista en el diccionario de San
Lorenzo.
En el segundo tiempo el equipo es una
furia que va y va hacia adelante. Sin ideas, sin juego, pero con el corazón en
la mano. Buffarini es un pibe rubio de pelo largo con pinta de cantante de
cumbia que llegó al club a mitad de año, Bueno es un uruguayo con fama de
peleador que juega de centro-delantero, y que salta y choca contra todo,
Gigliotti es un delantero tosco que hace goles imposibles y erra los más
simples y Romagnoli… Romagnoli es un ángel que solo tiene un diez en la
espalda, un guerrero eterno, el último gran ídolo del potrero que tiene las
rodillas gastadas de tantas batallas en la cancha
Ellos son el corazón de la remontada.
Nadie puede más que el corazón. Ni
siquiera el mejor equipo del torneo que juega bárbaro y está primero. San
Lorenzo es eso, gente, jugadores y cuerpo técnico, un corazón que se lleva todo
por delante.
-Lo
último que me acuerdo es que el relator dijo: “ahí va El Pipi para ganarlo.”
“El
resto es lo que se ve un video que anda circulando”. Walter no recuerda que Romagnoli
toma la pelota con el partido 2-2, faltando dos minutos. Walter no recuerda que
en ese momento arrastra por la banda izquierda a tres jugadores de Newell´s, y
luego de llegar a la línea de fondo, con la pierna izquierda saca un centro a
media altura, para que Gigliotti en una estirada poco ortodoxa, casi nunca
antes vista cambie el destino de la pelota, y festeje el 3-2 final para San
Lorenzo, dándole así rienda suelta a la
locura de Walter, Raúl y Luca.
San Lorenzo ganó el partido. Luca, un
tío postizo y Walter un sobrino del alma.
Romagnoli festeja en un costado del
campo. Llora de rodillas, los ojos de ese veterano jugador están tan nublados
como el día. En la tribuna Walter llora como un nene, como el nene que le
aparece en brazos, y que no recuerda, como el pibe que se le acerca a abrazarlo
y sale disparado al alambrado, como un adolescente que permanece a su lado en cuclillas
con las manos sobre la cara y la mirada roja, empañada de la catarata de
lágrimas que nace de sus ojos.
Como todo San Lorenzo que esa tarde es
un llanto ilusionado.
Walter recuerda esa jornada como el
día que no fue visto
-Por
suerte, porque si no van a pensar que estoy chapita, dice él. Es que esa
tarde al terminar el partido subiría hasta la cima del alambrado gritando como
todos los presentes una canción del repertorio.
-¿Nadie
te vio?
-Nadie
-¿Y
te ayudaron a bajar?
-No,
¡qué me van ayudar! Cada uno estaba en su locura. Me sentía Superman
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Superman, el super héroe que puede con
todo y que solo es vencido por la kriptonita, ese héroe eligió Walter para
retratarse, aunque él reconoce que no lo es, ni podría serlo.
-Todas
las mañanas al abrir los ojos veo todo oscuro, pienso por qué a mí. Me vuelvo a
la cama enojado con el mundo, y a los quince minutos me levanto, porque hay que
seguir, hay que salir. Todo ayuda, la rutina, los compromisos, lo importante es
dejarse ayudar, no bajar los brazos.
La oscuridad es el desánimo. Cuando la
tristeza lo invade se convierte en un hombre. Lejos de la épica propia de su
vida y de San Lorenzo, el hombre, tan terrenal y solitario acude a la ayuda y
al impulso de los compromisos, a la cotidianeidad que lo salva.
-El
día y la noche son iguales, es la misma oscuridad siempre, resume Walter. Sin embargo siempre
hay cosas para hacer, para trascender, Walter es su propia imagen al mundo y la
construye trascendiendo en todo lo que intenta, porque quizás la revolución en este mundo de las
imágenes no consiste en retenerlas para sí, mirar, sino en ser una imagen y ser
el centro de la mirada
A veces la vida se trata de romper con
la imagen, esquivar los designios de la misma vida y no dejarse vencer nunca.
No se trata de ser superman,
mostrando acaso una falsa fortaleza ante todos. Se trata de seguir adelante a
pesar de los infortunios, y con ellos trabajar un signo distintivo.
Walter sabe ser signo, porque en el
mundo en el cual la imagen se impone por
sobre todo lo que se le presente, él la vence, la rompe y la atrae hacia sí.
Hace que esa imagen sea él, aunque quizás no recuerde como se representa el
mundo, él lo representa para otros, para los cuales el mundo es eso, nada más
que aquello que se ve, una representación.
Walter es quizás ese ejemplo del
concepto de revolución. Walter hace
consigo mismo la revolución. Aquella que consiste en doblegar la imagen, la que
significa en última instancia ser el centro de las miradas.



